Sitio oficial de la Red de la
Diócesis Católica de Little Rock
Publicado: January 18, 2026
El Obispo Anthony B. Taylor predicó la siguiente homilía el 18 de enero de 2026.

Juan Bautista es una de las personas más interesantes del Nuevo Testamento y aparece 8 veces en los Evangelios leídos en diciembre y enero. La historia de su nacimiento está entrelazada con la de Jesús: ambos concebidos bajo circunstancias extraordinarias — una madre virgen, la otra ancianita — para mostrar que Dios les había escogido ya para un rol especial en su plan de salvación. Eran parientes por parte de sus madres, pero criados así lejos el uno del otro — Jesús en Galilea, Juan en Judea — que cuando se encontraron por la primera vez de adultos, no estaban conscientes de su parentesco. En el Evangelio de hoy Juan dice: Yo no lo conocía y Jesús — que ya sabía de ministerio de Juan — nunca dice en ningún lugar que eran familiares. Me sorprende mucho esto, dado la gran importancia de la familia extendida en esa cultura, y todo el trabajo que hizo Juan para preparar el ministerio de Jesús.
En el Evangelio de hoy vemos que el rol de Juan Bautista era de: 1) preparar el camino para el Mesías, 2) dar testimonio a él cuando viene, y luego 3) retirarse en favor de él. ¿Y cómo cumplió su rol Juan Bautista?
Primero, llamó al pueblo al arrepentimiento como lo hacemos nosotros en este Domingo de Respeto a la Vida. No dudó en nombrar y condenar los males de su tiempo, incluso los pecados de los ricos y poderosos. De hecho, es eso que le costó la cabeza. Preparó el camino para Jesús, exhortando al pueblo a reformar sus vidas, tal como lo hacemos nosotros hoy.
Por eso, también nosotros debemos nombrar y condenar los males de nuestro tiempo y exhortar al pueblo — como también a nosotros mismos — a reformar sus vidas para así recibir el perdón de Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Segundo, Juan dio testimonio a Jesús, una vez que aprendió que él era el Mesías, habiendo oído la voz declararlo el Hijo de Dios y visto el Espíritu Santo bajar sobre él en forma de paloma: Jesús el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo—aun los pecados de nuestra sociedad 2,000 años después.
Y luego se retiró, declarando que en cuanto Jesús tiene precedencia sobre él, Jesús debe crecer mientras él disminuye. Juan fue la Voz en el desierto, pero Jesús era La Palabra, el contenido proclamado por esa voz — la Palabra de Salvación, la Palabra de Dios…en el principio era la Palabra, todo fue creado por la Palabra, la Palabra era Dios — Juan era la Voz que pronto será callado, ¡pero Jesús la Palabra vivirá para siempre!
Tú y yo hemos sido llamado, como Juan, a preparar el camino para Jesús, a dar testimonio a él y luego a dejarlo crecer mientras nosotros disminuimos. El Reino de Dios proclamado por Juan ya ha sido inaugurado por Jesús, pero será presente plenamente solo al fin del tiempo. El rol de Juan era el de preparar la Primera Venida de Jesús, ¡el nuestro es el de preparar su Segunda Venida! Por eso, también nosotros debemos nombrar y condenar los males de nuestro tiempo y exhortar al pueblo — como también a nosotros mismos — a reformar sus vidas para así recibir el perdón de Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y como Juan, debemos hacerlo con humildad, no para nuestra propia gloria sino para la mayor gloria de Dios.