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Diócesis Católica de Little Rock
Publicado: January 17, 2026
El Obispo Anthony B. Taylor predicó la siguiente homilía el 17 de enero de 2026.

Tú y yo conocemos a muchas personas valientes y abnegados, por ejemplo: policía y bomberos y soldados que ponen en riesgo sus vidas para vencer el mal y vigilar nuestra seguridad.
¿Pero has notado que los doctores y enfermeras son valientes también? Todos los días tratan a personas con enfermedades contagiosas — muchas de las víctimas del virus Ebola en el Congo eran médicos que contrajeron de sus pacientes esas enfermedades incurables. Requiere valentía aguantar olores repulsivos, la vista de sangre coagulada, los alaridos de personas malheridas, las víctimas inocentes y no inocentes de violencia y venganza — y las emociones explosivas de sus familias traumatizadas, a menudo dirigidas contra los mismos médicos que hacen todo lo que pueden para ayudar. Ha habido progreso científico asombroso en años recientes, pero no basta solo tener habilidad médica. Se requiere mucha valentía también.
Jesús es el médico más grande de toda la historia. Sanó enfermedades físicas y almas heridas, predicó conversión, perdonó pecados y devolvieron a ex-pecadores a la sociedad...del cual tenemos un buen ejemplo en el Evangelio de hoy. Leví (llamado también Mateo, el mismo que escribió el Evangelio según San Mateo) era un cobrador de impuestos, un colaborador con la cruel y odiada ocupación Romana — así que su pueblo le calificaba hombre traidor y codicioso que quiso enriquecerse por explotar a su propio pueblo...parecido a los colaboradores franceses con los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Y hoy Jesús nos invita a ser colaboradores de otro tipo, seguirle a él y colaborar con él en su gran obra de misericordia, hacer de ahora en adelante todo lo que podemos para ayudar a salvar a los que están perdidos como antes era él.
Ha habido progreso científico asombroso en años recientes, pero no basta solo tener habilidad médica.
Jesús tuvo que tener mucha valentía para invitar a Leví a seguirle y muchas otras personas desabridas y odiadas — el evangelio dice que un buen número de cobradores de impuestos y otra gente pecadora acudían a él. ¿Y cómo se defendió Jesús? Por decirles que él es un doctor de almas y que estas personas tienen almas enfermas: no es la gente sana la que necesita médico, sino los enfermos. Jesús tuvo la valentía de poner en riesgo su propia reputación si eso sea preciso para sanar a sus pacientes.
Para ser colaboradores con Jesús, nosotros debemos ser valientes también, para así adelantar en nuestro tiempo la gran obra de misericordia divina. ¿Y dónde empezar? Tal vez con las obras corporales de misericordia: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar al preso, dar albergue al que no lo tiene, visitar al enfermo y enterrar al muerto — y las obras espirituales de misericordia: enseñar al que no sabe, dar consejo al que tiene duda, consolar al triste, sufrir con paciencia las flaquezas del prójimo, perdonar a las ofensas, corregir al que lo necesite y rezar por los vivos y los muertos. Y una vez que hacemos estas cosas, yo les aseguro de que el Señor seguirá abriéndote los ojos para ver aún más obras de misericordia que hay que hacer, porque entonces tú habrás llegado a ser un doctor — o al menos enfermera — de almas, un médico del espíritu, colaborador cercano y valiente de Jesús en su gran obra de misericordia en un mundo donde muchos tienen todavía las almas enfermas y necesitan desesperadamente la sanación tuya y del Señor.