Jesús envía testigos a los confines de la tierra

Published: November 9, 2013

Este es el 14º artículo de una serie de catorce

Por Clifford M. Yeary
Director Asociado, Estudio Bíblico de Little Rock

Nuestro "Año de la Fe" ha estado dirigido a reavivar la naturaleza evangélica de nuestra fe. Como católicos, como cristianos, hemos de ser evangelizadores, personas que se convierten en testigos vibrantes de la misericordia que Dios derrama sobre nosotros en Cristo. En los trece capítulos anteriores hemos explorado cómo los fieles de los tiempos bíblicos han respondido al amor de Dios en medio de los desafíos de la vida. En este último artículo comenzamos, de alguna manera, por el principio. El libro de los Hechos de los Apóstoles es un relato acelerado de los orígenes de la Iglesia, y una descripción fascinante de la fe cristiana en acción.

Durante los cuarenta días siguientes a la resurrección, Cristo se encontró con los Apóstoles, comiendo con ellos y conversando sobre el Reino de Dios (Hechos 1,3). En la última instrucción antes de subir al Padre, les dice: "Recibirán el poder del Espíritu Santo que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, por toda Judea y Samaria y hasta los confines de la tierra" (Hechos 1,8).

Los Apóstoles deben ser testigos de Cristo, comenzando por Jerusalén, pero por fin proclamando el evangelio a los confines de la tierra — que, desde la perspectiva del Libro de los Hechos, entendemos que es Roma, la capital del imperio que domina al mundo mediterráneo. A través de toda clase de oposición y persecución, ellos serán sus testigos, pero no hasta que hayan recibido la fuerza del Espíritu Santo.

Los lectores del Evangelio de Lucas reconocerán la importancia de la fuerza del Espíritu Santo en cada una de las fases del ministerio de Jesús. La Virgen María concibe a Jesús cuando el Espíritu Santo desciende sobre ella y el "poder del Altísimo" la cubre con su sombra (Lucas 1,35). En su bautismo por mano de Juan en el Jordán, "el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como paloma" (Lucas 3,22). Conducido por el Espíritu Santo al desierto donde resiste todas las tentaciones, regresa a la región de Galilea a entrar plenamente en su misión "con el poder del Espíritu" (Lucas 4,1-14).

Los Apóstoles debían esperar el derramamiento del Espíritu Santo porque su testimonio de Cristo significa continuar el ministerio de Cristo "hasta los confines de la tierra." Después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, proclaman con audacia la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús, pero su testimonio no se limita a las palabras. Difunden el amor de Dios hacia todos haciendo los mismos actos de misericordia que realizó Jesús en su ministerio. Ya que han sido enviados con la fuerza del Espíritu Santo, pueden ofrecer curación de las enfermedades, poder sobre toda aflicción, y una nueva vida en una comunidad de amor para una humanidad alienada.

Su evangelización trae rápidamente una nueva comunidad cuya vida en unidad es en sí misma un testimonio del poder transformador del Espíritu Santo. "Se dedicaron a la enseñanza de los apóstoles y a la vida comunitaria, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hechos 2,42). La vida comunitaria era tal que ninguno entre ellos sufría necesidad, porque todos "los creyentes estaban unidos y tenían todo en común" (Hechos 2,44).

Sabemos que esta es una visión bastante idealizada de lo que era la vida en la comunidad primitiva, porque pronto nos enteramos de acciones de ambición y engaño dentro de la comunidad (Hechos 5,1-11). Al presentar el ideal, Lucas estaba intencionalmente llamando a su propia iglesia local a esforzarse por el ideal.

Que esto fuera, en el mejor de los casos, un ideal poco duradero en la comunidad cristiana primitiva no quita nada del hecho de que un seguimiento cristiano verdadero puede producir, y producirá comunidades de amor genuino y de cuidado por todos. En la fuerza del Espíritu Santo, la visión de Lucas podría incluso llegar a describir nuestras propias parroquias y nuestra propia vida familiar.

Después de todo, los elementos esenciales para tal comunidad todavía están en nuestras manos. El Espíritu Santo se ha derramado sobre nosotros. Cuando nos dedicamos a "la enseñanza de los apóstoles y la vida comunitaria, a la fracción del pan y a las oraciones" (Hechos 2,42), cumplimos lo que profesamos sobre la iglesia en el Credo: que es "una santa, católica y apostólica."

Que este año de fe dé fruto a lo largo de nuestras vidas, para que quienes somos sea un testigo "hasta los confines de la tierra."

Preguntas para la reflexión y discusión
  • ¿De qué maneras ha marcado una diferencia en su propia vida de fe este año de la fe?
  • ¿De quién es el testimonio de fe en Cristo que ha tenido mayor impacto en su vida?
  • ¿Cuáles eran los aspectos esenciales de la vida que compartían los primeros cristianos?
  • ¿Cuán importantes son estos mismos aspectos para los cristianos hoy?
  • ¿Cuáles son algunos de los aspectos prácticos en que su comunidad parroquial total da testimonio de su vida en Cristo?

 

Este artículo fue originalmente publicado en el Arkansas Catholic el 9 de noviembre de 2013. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.