Abraham y Sara responden a la llamada de la fe

Published: January 26, 2013

Abraham y Sara responden a la llamada de la fe

Por Clifford M. Yeary
Director Asociado, Estudio Bíblico de Little Rock

Como indica el título "Génesis," el primer libro de la Biblia trata de los comienzos. En sus versos iniciales se crean los cielos y la tierra y se declaran buenos. El hombre y la mujer vienen a la vida como bellos reflejos de su Creador. Si no se lee como ciencia, sino como revelación, el Génesis nos informa sobre el propósito de Dios al crear el universo y nuestra llamada a servir a Dios dentro de él (1,1-31).

El Génesis también comienza el relato del mal en el mundo, cuando los humanos se ven seducidos por el deseo de ser sus propios dioses, orgullosamente haciendo que el "bien y el mal" estén sujetos a la racionalización privada (3,1-7). La envidia pronto sigue al orgullo y atrae el asesinato (4,1-16). Al fin, toda la tierra está infectada de mal. "El Señor se arrepintió de haber hecho a seres humanos en la tierra y su corazón se afligió" (Génesis 6,6).

Cuando leemos los relatos de la respuesta fiel de Abraham y Sara a la llamada de Dios, es importante que lo hagamos a la luz de un mundo que se había descarrilado. Incluso después de que Dios enviase una inundación para destruir el mundo, salvando solamente a una familia y a un resto de creaturas terrestres, el mal regresa a la creación (9,20-28).

En el inicio más sutil de todos en este libro de comienzos, Dios empieza su plan para componer el mundo y para redimir a la humanidad llamando a Abrán (Abraham) y a su esposa Sarai (Sara) a que dejen su hogar y se embarquen en una peregrinación de fe con Dios.

Muchas personas hoy día ven al mundo como lleno de mal y caos. Pero es de esperar que algunos de nosotros nos atrevamos a escuchar la llamada a ser fuentes de bien, paz y sanación en el esfuerzo de corregir el curso del mundo. Tal fue la llamada de Dios a Abraham y Sara.

"El Señor le dijo a Abrán: ´Sal de tu tierra, deja a tus parientes y la casa de tu padre y ve a la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás bendición para otros. Bendeciré a quienes te bendicen y maldeciré a quienes te maldigan. Todas las familias de la tierra encontrarán bendición en ti´. Y Abrán partió según el Señor le había dicho" (12,1-4).

Desde tiempo de san Pablo, los cristianos siempre han entendido la promesa a Abraham de que "todas las familias de la tierra encontrarán bendición en ti" como una indicación profética de que el plan de redención de Dios era universal, dirigido a todos los pueblos, y no sólo para los descendientes físicos de Abraham (Gálatas 3,8-9).

Este es el gran alcance de lo que los cristianos ven en la promesa de Dios a Abraham. Pero los ancianos Abraham y Sara, no había siguiera tenido un hijo que inaugurara la promesa de convertirse en una gran nación (16,1). Aunque las promesas de Dios para ellos eran muy grandes, responder a la llamada de Dios exigía una fe tremenda.

Su camino hacia la tierra que se les había prometido no les proporcionó un hogar permanente, y cuando entraron en Egipto, la cobardía de Abraham al ofrecer a Sara al Faraón (12,10-20) debe haber sido una gran prueba para la fe de Sara en su marido. Pero la fe de Abraham sería aun más duramente probada después de que Sara diera a luz a un hijo en su ancianidad: Isaac.

"Dios dijo: Toma a tu hijo Isaac, tu único hijo a quien amas, y vete a la tierra de Moriah. Ofrécele allí como sacrificio en una de las colinas que te mostraré" (22,2).

No es hasta que Abraham ata a Isaac a la piedra y levanta el cuchillo para matarlo que el ángel de Dios impide tal hecho terrorífico. Una vez más, Dios renueva su promesa a Abraham. Sus descendientes serán innumerables y todas las naciones de la tierra encontrarán bendición en Abraham (22,16-18).

Lo que comienza con Abraham no es sólo el comienzo del plan de Dios para la redención de la humanidad, sino también el tan repetido tema de la Escritura de la llamada de Dios. Desde Abraham, a través de Moisés, los jueces de Israel, David, los profetas y los discípulos del Nuevo Testamento, toda la Escritura está llena de relatos en los que Dios llama personalmente a la gente para ayudarle a cumplir su voluntad redentora, a menudo con poca gratificación para quienes aceptan su llamado.

En este año de fe, Abraham y Sara nos recuerdan nuestra propia llamada, anunciada en nuestro bautismo, a ser profetas, sacerdotes y reyes al servicio de la Buena Nueva de Jesucristo. Debemos ser buena noticia para el mundo.

Preguntas para la reflexión y discusión
  • ¿Dónde ves más claramente la bondad de la Creación diseñada por Dios?
  • ¿Qué estaba Dios iniciando con la llamada de Abraham y Sara (Génesis 12)?
  • ¿En qué modos te sientes llamado por Dios?
  • ¿Cuál es el significado de Abraham para los cristianos según san Pablo (Romanos 4,13-25; Gálatas 3,1-14)?

 

Este artículo fue originalmente publicado en el Arkansas Catholic el 26 de enero de 2013. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.