4º Domingo de Adviento, Año B

Publicado: December 24, 2017

Obispo Anthony B. Taylor predicó la siguiente homilía en la Iglesia de San Eduardo en Little Rock el domingo, 24 de diciembre de 2017.


Obispo Taylor

Muchas veces hablamos de la Antigua Alianza de modo que supone que sólo había dos alianzas: la antigua y la nueva, y que la nueva cumplió la antigua, lo que es cierto.

Pero no es cierto que sólo había una Antigua Alianza — había varias. En una Dios promete darle a Abrán un hijo y hacerle padre de una inmensa nación — a cambio, le manda circuncidarse. En otra les da la Tierra Prometida, pero deben poner su fe en el único Dios verdadero. En la alianza con Moisés les hace su pueblo escogido y les da sus leyes en el Monte Sinaí.

Y en otra con el Rey David en la primera lectura de hoy, promete enviarles un mesías que reinará para siempre. Dios les hace su pueblo escogido, les da la Tierra Prometida, les revela su ley y les promete un mesías: cuatro antiguas alianzas. Y de hecho había aun más — ¡por ejemplo otra con Noé!

El Hijo de Dios, se despojó de los privilegios de su divinidad para así abrazar nuestra dañada condición humana porque ese sacrificio era preciso para emprender su gran obra de redención, obra que cumplió 33 años más tarde cuando selló con su propia sangre la Nueva y definitiva Alianza con toda la humanidad.

La Nueva Alianza que Dios hace con nosotros en Jesús cumple estas alianzas y las extiende a toda la humanidad. Antes le hizo a Abrán padre de un solo pueblo — ahora le hace a Jesús rey de todos los pueblos. Antes les dio una Tierra Prometida — ahora nos da otra Tierra Prometida celestial. Antes redimió un solo pueblo, quitándoles al Faraón para hacerles su pueblo escogido — ahora redime todos los pueblos, quitándonos a Satanás para hacernos su nuevo pueblo escogido, su Iglesia.

Y en Navidad Dios cumple también su alianza con el Rey David, levantando a uno de su dinastía para ser el Mesías, cuyo reino será para siempre. Como anunció a María el Ángel Gabriel en el Evangelio de hoy: El Señor Dios le dará a su hijo el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin.

Dios cumple sus promesas, pero cada alianza es un acuerdo recíproco entre dos partes y muchas veces nosotros no cumplimos nuestra parte del acuerdo. Nosotros, como algunos israelitas, no hemos abandonado por completo a los ídolos: hacemos del dinero un dios falso, anhelamos poder y posesiones y placeres y prestigio en lugar de hacer la voluntad de Dios.

No cumplimos sus leyes, no amamos al prójimo, sólo hacemos lo mínimo para — ojalá — evitar el infierno. Jesús no nos salvó a medias, se nos dio por completo ¡y de nosotros espera que lo reciproquemos!

El Hijo de Dios, se despojó de los privilegios de su divinidad para así abrazar nuestra dañada condición humana porque ese sacrificio era preciso para emprender su gran obra de redención, obra que cumplió 33 años más tarde cuando selló con su propia sangre la Nueva y definitiva Alianza con toda la humanidad.

Jesús nos muestra que Dios es siempre fiel a sus promesas ¡hasta la muerte! y en cuanto cada alianza es un acuerdo recíproco entre dos partidos, nosotros tenemos la misma obligación hacia él. Entonces: ¿Cumples tus promesas a él? — ¿Hasta la muerte?

¿Cómo María que dijo al final del Evangelio de hoy: Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí tu voluntad. ¡Es así que nosotros debemos responder también: Yo soy la esclava/el esclavo  del Señor; cúmplase en mí tu voluntad!