2025 — Pre-Teología II

Duwan Booker, Iglesia de San José, Conway

Atiende la Casa de Formación en Little Rock

Desde muy joven, he visto a Dios transformar las vidas de su pueblo a quien ama tanto. De niño, observé el peso y la desesperación que viene del pecado. Vi los frutos de vivir un estilo de vida cristiano versus vivir una vida mundana.

Cuando tenía dos años, mi padre biológico fue encarcelado y ha estado allí desde entonces. Sin embargo, mi madre y mi abuela trabajaron rigurosamente para mantener a mi familia; toda mi vida se la debo a ellas. Cuando tenía siete años, mi madre se casó con mi padrastro, un hombre noble quien me enseñó a ser un hombre de bien y a trabajar duro, lo cual permanece profundamente en mí. Estoy muy agradecido por mi familia. Sin ellos no estaría aquí hoy.

Crecí en Dallas, fiel a la Iglesia de Cristo y luego asistí a una iglesia Bautista local cuando mi familia y yo nos mudamos del apartamento de mi infancia. Asistí a casi todas las funciones de la iglesia y estuve profundamente involucrado en el ministerio juvenil; la iglesia me mantuvo fuera de problemas y me trajo al Señor.

Hacia el final de la preparatoria, tuve la oportunidad de jugar fútbol americano en el Colegio de Hendrix. En Hendrix, puse mi fe en un segundo plano, dejé de ir a la iglesia y me dediqué a la cultura de la fiesta. Unos meses después, un amigo me invitó a un servicio de ministerio estudiantil en la Universidad Central de Arkansas (UCA). Allí, me di cuenta de que mi vida estaba lejos de la fe que proclamé verbalmente, así que dediqué mi vida a Cristo y comencé a asistir a la Iglesia de Dios del Templo de Zion en Cristo, una iglesia pentecostal.

Comencé a experimentar profundamente el amor y la presencia de Dios y recordé el llamado de mi infancia: el de ministrar. Sabía que Dios me estaba llamando a predicar, y me sentía más cómodo en la iglesia pentecostal. Decidí que me convertiría en un predicador Pentecostal.

El verano siguiente, un compañero católico del equipo de fútbol americano y yo asistimos a un programa evangélico de nueve semanas que tenía como objetivo educar a los estudiantes universitarios para vivir y proclamar el Evangelio de Cristo. Intenté lo más que pude para convertir a mi amigo al protestantismo. Pensé que el Catolicismo no era cristianismo, y quería salvarlo de esa religión. Comenzamos a estudiar filosofía Católica, teología y la historia de la Iglesia juntos.

Con el deseo de descubrir la verdad, creemos que, por fin, la hemos encontrado. Durante la Pascua de 2018, decidí ingresar a la Iglesia Católica. Mi conversión a ser Católico fue una de las decisiones más difíciles de mi vida. Soy el único en mi familia que es Católico. Pero incluso en este nuevo entorno, lo que permanece es el llamado del Señor de pastorear a su pueblo.

Las palabras de C.S. Lewis, mi héroe, encarnan profundamente mi camino hacia la Iglesia: “Cuando queremos ser algo más que (de lo que) Dios quiere que seamos, debemos querer lo que, de hecho, no nos hará felices. Sin embargo, desde mi llegada a la Iglesia, Cristo ha transformado mi corazón y me ha dado una gran satisfacción al vivir mi vida como su sacerdote.

Tengo una fe profunda en que aquí es donde el Señor me llama a estar. Construyamos el Reino de Dios y hagamos nuestra parte para traer el cielo a la tierra. Que Dios nos bendiga, que nos proteja y que nos dé la gracia de amarnos unos a otros como él nos ama.