2022 — Teología III

Daniel Wendel, Iglesia de Cristo Rey, Little Rock

Atiende el Seminario de la Asunción en San Antonio, Texas

Al comenzar mi séptimo año de seminario como estudiante de teología de tercer año, me doy cuenta de que la mayor parte de mi camino vocacional es acerca de las personas que han demostrado una fe extraordinaria en mí. Eran las manos, los pies y la voz de Jesús, que me revelaban la hermosa llamada que nuestro Padre celestial había preparado para mí.

El Padre Erik Pohlmeier y el Obispo Francis Malone me mostraron cómo la alegría pura puede ser contagiosa, y eso me hizo querer ser sacerdote desde una edad temprana. A medida que crecí y las dudas acerca del sacerdocio comenzaron a crecer en mí, el Diácono Danny Hartnedy respondió con la gracia que Jesús le dio, y el Diácono Danny me preguntó si sabía que Jesús me estaba llamando a ser sacerdote. No estaba listo para escuchar a Jesús en ese momento de mi vida, pero mi madre siempre supo que llegaría el momento adecuado.

No tenía paz con mi decisión universitaria de ir a la Universidad de Arkansas, y mi madre dijo con seguridad: "Daniel, has estado huyendo de esto durante tanto tiempo y sabes de dónde viene la paz como siempre te he dicho. Hay paz haciendo las cosas correctamente”. Tenía tantas cosas en mi cabeza sobre mi vocación. Simplemente necesitaba que alguien me arraigara en Jesús. Entonces el seminarista Patrick Friend dijo algo que nunca olvidaré justo antes de la Misa del Jueves Santo. Me dijo: "No dejes que el miedo controle tu decisión".

Luché con las palabras de mi madre y las palabras de Patrick durante todo el triduo. Mientras me sentaba en el santuario como monaguillo para la Vigilia Pascual y mientras que el Mons. Malone estaba haciendo las confirmaciones, tuve una sincera plática con Jesús acerca de mi vocación.

Hablé con Jesús y le dije: “Jesús, sé que te he estado alejando y el deseo que pusiste en mi corazón. Me preocupan todas las cosas que perderé si digo que sí, pero estoy abierto a tus planes porque no encuentro la paz con el camino que he elegido. Prefiero estar en paz que hacer lo que quiero. Conozco los planes que has tenido para mí por un tiempo y no voy a dejar que mi miedo me mantenga alejado. Estoy listo".

El trabajo de Dios en mí durante mi formación en el seminario ha sido formarme en un padre espiritual. Dios es nuestro Padre. Lo llamamos "Abba, Padre" como Jesús nos enseñó, y nos hemos convertido en sus hijos en el bautismo porque el deseo de Dios es que todos lo conozcamos como nuestro Padre.

Nuestro Padre celestial nos envió numerosos ejemplos de padres a esta tierra; lo único que todos tienen en común es que tienen fallas. Unas preguntas que siempre he tenido son "¿Por qué no podemos hacer esto bien?” y “¿Significa esto que yo también seré un fracaso”? He mantenido estas preguntas en mi corazón, pero Dios ha comenzado a revelarme lo extraordinario de la paternidad.

La paternidad es más espiritual que física y más teológica que biológica. La paternidad le pertenece a Dios más que al hombre. Como la paternidad le pertenece a Dios, la única forma en que seré padre es si él me ayuda a convertirme en padre a su imagen.

Los momentos en que confío en él y confío en su voluntad es cuando me parezco más al padre que él me llama a ser. En mi orgullo y obstinación, creo que puedo convertirme en padre por mi cuenta y termino deficiente; pero incluso en los momentos en que fracaso, él está presente para levantarme de nuevo. Dios no espera que sea perfecto. Quiere que sea padre. Él ha puesto en mi corazón el deseo de amar, enseñar, guiar y cuidar a su pueblo tal como lo hace, y será mi trabajo recordar siempre que solo puedo hacer todas las cosas a través de aquel que me fortalece.

Recuerdo el momento durante las ordenaciones cuando mis hermanos seminaristas están haciendo juramentos, y ellos responden: "Sí," pero en la última respuesta dicen: "Lo hago con la ayuda de Dios". Al fin y al cabo, sé que me equivocaré, pero también sé que puedo confiar en que Dios me ayudará a ser el padre espiritual que él me ha llamado a ser.

Si desea comunicarse con Daniel Wendel, por favor envíe un correo electrónico a Maria Izquierdo-Roque en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 1 de julio de 2020. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.