2020 — Teología IV

Dc. Joseph Friend, Iglesia de Cristo Rey, Little Rock

Atiende el Seminario de San Meinrad, St. Meinrad, Indiana

Al bendecirme con una familia increíble, el Señor me dio un grupo de apoyo de primera clase en mi camino hacia el seminario. Mi padre me enseñó a ser un hombre de Dios y mi madre me enseñó a amarle a Él. Debido al amor de mis padres y el énfasis en el desarrollo de una relación con el Señor, estoy siempre en deuda con ellos.

A lo largo de mi infancia, me recostaba en mi cama y rezaba: "Señor, quiero ser tu siervo". Esta simple oración adquirió un significado completamente nuevo cuando tenía 12 años, mientras asistía a Misa en la capilla de la Preparatoria Católica en Little Rock. Cuando el Padre Lawrence Fredrick elevó la hostia, escuché al Señor decir: "Ven, sígueme", mientras miraba a los ojos de Jesús en el mosaico, que se encuentra detrás del altar.

Me sentí seguro de que el Señor quería que yo fuera uno de sus sacerdotes, pero la escuela preparatoria encontró una manera de esfumar esta vocación que una vez estuvo tan viva en mi mente. Me encontré viviendo por el camino del mundo, en lugar del camino de la humildad de Jesús. Tomó el diagnóstico de cáncer de mi madre para que me diera cuenta cuán lejos me había apartado de Dios.

Mi madre fue mi héroe a lo largo de su enfermedad, porque ella vivió con verdadera convicción. El miedo nunca se atrevió a manifestarse en su cara, porque sabía que el Señor la sostenía con sus manos amorosas y misericordiosas. Hasta el día que murió, mi madre vivió como una mujer Católica y fuerte. Su ejemplo de confiar completamente en el Señor en su fragilidad me enseñó que un verdadero cristiano es aquel que vive vulnerablemente y abraza su cruz con amor.

Fue esta vulnerabilidad la que permitió que mi relación con el Señor floreciera en mi formación hacia el sacerdocio, porque Él me encontró en mi debilidad. Mientras que pasaba por las dificultades en el seminario, el Señor nunca dejó de consolarme ni dejó de mostrarme su gran amor.

Una cosa que siempre ha sido parte de mi vida de oración es mirar sobre un crucifijo, algo que un buen amigo, San Francisco, me enseñó. Es hermoso pensar en un Dios que está dispuesto a sufrir y morir por su pueblo. Lo menos que puedo hacer es devolver un poco de ese amor. Ha sido maravilloso servir como diácono, entrando en mi último año de formación. Para mi verano de diácono, me asignaron a la Parroquia del Sagrado Corazón en Morrilton y tuve la oportunidad de ser instruido por el Mons. Jack Harris, quien ha sido un mentor increíble.

Una de las cosas que me ha enseñado es cómo ser un padre amoroso en los altibajos de la vida. Nos encontrábamos en un hogar de ancianos, en el gimnasio de baloncesto, en el hospital y nos reíamos con los feligreses todo el mismo día. La experiencia que pasé en el Sagrado Corazón simplemente ha fortalecido mi deseo de ser sacerdote.

Tenemos una oportunidad tan increíble de entrar en la vida de los fieles y ser puentes, guiando el pueblo a nuestro Señor, Jesucristo. Mi oración y la oración que pido de todos en la Diócesis de Little Rock es que pueda ser un puente firme, siempre apuntando a Jesús. Corramos juntos hacia él. Mucho amor.

Si desea comunicarse con Dc. Joseph Friend, por favor envíe un correo electrónico a Miriam Gallaher en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 17 de septiembre de 2019. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.