2025 — Filosofía III

Jonathan Semmler, Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, Hot Springs Village

Atiende la Casa de Formación en Little Rock

Mis primeros pensamientos de una posible vocación al sacerdocio llegaron temprano en la escuela preparatoria. Asistí al Instituto de Verano de Caridades Católicas en el noveno grado y obtuve mi primer gusto de la necesidad de que la gente trajera a Cristo al mundo.

También conocí a muchos jóvenes católicos en este campamento que estaban totalmente involucrados con su fe y comencé a desarrollar ese mismo tipo de pasión por mi fe. Empecé a participar verdaderamente en la Misa, y mi entendimiento y creencia aumentaron en las cosas extraordinarias que estaban sucediendo en la Misa.

Noté el deseo de continuar a profundizar mi fe y el deseo de ayudar a otros a profundizar la suya, así que pedí ser parte del Consejo Asesor de la Juventud (YAC) para la diócesis. Como parte de este grupo, recibí gran satisfacción y alegría al servir a otros a través de servicios de oración y facilitar un ambiente para que otros tengan un encuentro cercano con Cristo. Debido a este amor por el ministerio, los pensamientos del sacerdocio crecieron en mi mente y corazón.

Mi amigo, Josh, era también un miembro de YAC conmigo, y él había estado discerniendo una vocación al sacerdocio durante mucho tiempo. Hemos podido hablar de nuestras vocaciones mutuamente, lo que siempre ha sido muy útil y alentador para mí en mi discernimiento.

En el grado 11, empecé a tener preguntas y dudas sobre mi fe. Me pregunté sobre la existencia de Dios, si la Biblia es o no verdadera, y si la oración realmente funciona. Estas dudas me causaron confusión y angustia, pero finalmente me condujeron hacia Dios de una manera nueva.

Empecé a leer sobre estas cosas y escuchar entrevistas por el internet y videos de sacerdotes sobre estos temas. Con la ayuda de estos sacerdotes, mi fe se fortaleció, y también comencé a amar y admirar el trabajo de estos sacerdotes. Debido a que habían sido una bendición en mi vida, quería ofrecer la misma clase de bendición a otros.

Asistí al retiro anual Vengan y Ven organizado por los seminaristas de la diócesis. Después de escuchar las historias de muchos de los seminaristas y de orar con ellos el Oficio Divino y la Misa, Dios me dio una sensación muy fuerte de paz al seguirlo. Empecé a amar verdaderamente la idea de servir como sacerdote, y estaba convencido de que tenía un llamado al sacerdocio.

Durante mi último año, ignoré este llamado por falta de confianza en Dios y falta de oración. Comencé a seguir mi propia agenda antes que la de Dios y decidí ir a la Universidad de Nebraska, el alma mater de mi papá. En mi tiempo allí, la confianza en mí mismo se desvaneció, y algo no se sentía bien. Yo estaba en una fraternidad católica con otros chicos católicos, pero me sentí muy diferente de la mayoría de los chicos a mí alrededor.

Durante las vacaciones de Navidad del año pasado, asistí a la ordenación diaconal del Dc. Nelson Rubio. Una vez más, Dios me saludó con una abrumadora sensación de paz al pensar en entregarme a Él para convertirme en sacerdote. ¡Después de dos años de Dios llamándome para tomar el paso hacia el sacerdocio, por fin lo hice!

Durante este año viví en la Casa de Formación. Este año estuvo  lleno de bendiciones y retos. Algunas de mis clases fueron difíciles, y tuve que acostumbrarme a vivir en comunidad. Sin embargo, me encantó la oportunidad de llevar la Comunión a los enfermos y de participar en  otras oportunidades ministeriales. Les agradezco sus oraciones y apoyo. Dios los bendiga a todos.

Si desea comunicarse con Jonathan Semmler, por favor envíe un correo electrónico a Miriam Gallaher en la Oficina de Vocaciones o llámela al (501) 664-0340. Este artículo fue publicado el 17 de septiembre de 2019. Derechos de autor Diócesis de Little Rock. Todos los derechos son reservados. Este artículo podrá ser copiado o redistribuido con reconocimiento y permiso del editor.