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Seminaristas de la Diócesis

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Eddie D’Almeida
James Melnick
Jason Sharbaugh
Tony Robbins
Joshua Stengel
Joseph Archibong
Ruben Quinteros
Juan Manjarrez
Alejandro Puello
Andrew Hart
Mauricio Carrasco
Thaihoa Tran
Enrique Castro
Daniel Ketcher
Payden Blevins
Robert Cigainero
Juan Guido
Shaun Klatt
Tony Bui
Martin Siebold
Raul Garduño
German Alegria

Para aprender más sobre nuestros seminaristas lea sus perfiles a continuación.

2009 — Teología III

Eddie D’Almeida, Iglesia de San José, Conway

Cuando era niño mi madre me enseñó que no hay ningún instante en el cual Dios nos deja de cuidar amorosamente y desea nuestro amor por Él. Hay dos cosas que son implícitas en esta pequeña lección: conocimiento y relación. Nosotros deseamos conocer a Dios (la fuente de toda felicidad) y Él también lo desea, porque mientras más lo conocemos, más lo amamos.

dalmeidaMi conocimiento y amor por Nuestro Señor no creció continuamente, de hecho Él fue un observador distante durante toda mi secundaria, preparatoria y parte del colegio. Aunque estaba presente, Él se mantenía distante porque yo no le abría mi corazón, pero eso cambio una noche durante el colegio. Pensaba yo mismo, si Dios es todo conocimiento y siempre está presente entonces Él debe ser el Señor de mi vida y yo debo de seguirlo.

Hable con Dios sobre esto y Él me respondió, su respuesta llegó de manera lenta seduciéndome a involucrarme más en mi parroquia.   Empecé cada día a rezar el rosario, fui a la capilla de adoración perpetua una vez por semana durante 5 años, toque mi guitarra con la banda Life Teen, ayude con un programa llamado Católicos Regresando a Casa y asistí a misa diario.

Estar constantemente en la Iglesia me ayudo a discernir, que quizás yo estaba llamado hacer esto de tiempo completo, como Sacerdote. Fue una decisión extremadamente difícil entrar al seminario para continuar con el discernimiento de mi llamado, ya que en los últimos cinco años había tenido un buen trabajo como diseñador de programas y siempre había querido casarme; sin embargo, nunca me he arrepentido de haber entrado al seminario. He tenido gran crecimiento personal, espiritual e intelectual con una confirmación alentadora en el llamado al Sacerdocio.

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James Melnick, Iglesia de San Judas, Jacksonville

Aunque ahora puedo reflexionar y ver el crecimiento del llamado de Dios desde una temprana edad, sinceramente la primera vez que consideré el sacerdocio fue cuando tenía 16 años, después de varios meses de rezar al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María. Un día después de realizar que tenía que rezar más, supe simplemente que Cristo quería que yo lo siguiera, así que hable con mi párroco.

melnickTal vez es como cuando un hombre sabe que encontró a su esposa ... él sabe que ella es la única para el. Entré al seminario saliendo de la preparatoria y aunque ha sido difícil estoy continuamente sorprendido por todas las gracias que Dios me ha dado a través de aquellos que he conocido, especialmente nuestra madre la Virgen María.

Continuamente estoy reviviendo la Visitación y tomando el rol de Santa Isabel exclamando: “¿Quién soy yo; para que Cristo y María vengan a mi?” A través de la formación en el Seminario he descubierto mis propias debilidades y veo mi falta de méritos para el Sacerdocio, sin embargo he encontrado consolación en la “Visitación” de la Virgen María hacia mí, es decir; ella cargando a Cristo hacia mí.

La sorpresa de una vocación, un “llamado” no es un evento pasado al cual he respondido con un “Sí” inicial, más bien, es uno que llega diariamente y se renueva con un “Sí” de seguir a Dios hoy, entregando todo lo que soy a Él y dándole permiso pare que Él trabaje y actué en mí.

Una vez que dejamos ir nuestros temores a una vida que no hemos escogido, somos libres para recibir la vida verdadera de Cristo, la fuente y de la Virgen María la portadora de esta fuente para la humanidad.

Esto no es un evento trivial que debe tomarse a la ligera, ¡Es un Misterio! Nos damos completamente al servicio de Dios y de los demás y empezamos el recorrido hacia la comunión de la Trinidad: nos damos completamente y recibimos al otro, recibimos a las personas de Dios completamente por amor por los demás, abiertos a escuchar y recibir, así como la Virgen María lo hizo, como lo hizo Isabel y como billones de personas lo han hecho…esto es una vocación.

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2010 — Teología II

Jason Sharbaugh, Iglesia del Sagrado Corazón, Morrilton

Como joven adulto, tenía pensamientos filosóficos sobre la vida y su significado.  Nunca tuve una vida de oración personal, pero de vez en cuando asistía a Misa — hasta Misas diarias — era nominalmente católico. Sentía que todos mis pensamientos y mi vida agitada se calmaban cuando estaba en Misa. Además sentía una sensación de paz cada vez que estaba en la presencia del Santísimo, y si había capillas de adoración cerca, las visitaba con frecuencia. Después descubrí que este proceso contemplativo era similar a los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola (1491-1556).

sharbaughEmpecé a acercarme más a Dios y descubrí como Santo Tomás de Aquino (1225-1274) que Dios mismo es felicidad. Esto es a donde te lleva — la felicidad de vivir nuestras vidas en Él. Ultimadamente, no hay nada más “sin mí no puedes hacer nada” (Juan 15, 5). De este entendimiento sentí un gran deseo de estar con la Eucaristía y  vivir y aprender la vida del Evangelio profundamente. Fue aquí, a pesar de mis muchos defectos, que tomé la decisión de entrar al Seminario. Mi vida de oración ha crecido de manera exponencial y si Dios quiere un día quizás me ordene.

Durante mi tiempo en el Seminario, ha habido un gran crecimiento en mi vida, en relación a mi mismo, a otros y con el amor de Dios. El proceso de formación en el Seminario es un proceso muy sano para el desarrollo de toda la persona en la imagen de Jesucristo. Uno puede decidir ser o no ser Sacerdote, pero la disponibilidad a una vida de discernimiento nos ayuda a entender la presencia de Dios en nuestras vidas, y eso es lo que es una vocación.

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Tony Robbins, Iglesia de Nuestra Señora de las Santas Almas, Little Rock

Más y más me doy cuenta del amor que Dios tiene para mí mientras continúo siguiendo el llamado. Al principio existía una gran lucha para tratar de entender porque Dios me ama tanto y porque me está llamando a mí para que yo sea Sacerdote.

robbinsEntonces Dios me ha mostrado una y otra vez que Él no se va a dar por vencido conmigo, ha habido veces en las que le he dicho a Dios, “Está bien si tu quieres que yo sea un Sacerdote, muéstrame.” y lo ha hecho.
Una vez observando a un seminarista pensé, “El podría ser un gran Sacerdote, está seguro de sí mismo como un buen sacerdote que entiende la dignidad para la cual el Señor le ha llamado.” Unos días después de eso, una anciana, que era completamente extraña a mí, me miro en Misa y me preguntó: ¿Eres tu seminarista? Le respondí: Sí, ¿cómo lo supo? Y me dijo que mi seguridad era como la de un seminarista.

Esta es sólo una forma de las muchas en las que Dios ha confirmado mi vocación para seguirlo a Él como Sacerdote. Y mientras sigo descubriendo más y más cuanto Dios me ama, mis luchas se rinden y se hace más fácil seguirlo a Él. Si has escuchado a alguien preguntarte: ¿Has considerado el Sacerdocio?, o si piensas que Dios te está llamando, entonces te animo a que “Vengas y Veas.” Ven y ve cuanto Dios te ama a ti.

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Joshua Stengel, Iglesia de San Antonio, Ratcliff

Nací y crecí cerca de Ratcliff, Arkansas, y asistí a la parroquia de San Antonio. Mi vocación fue fomentada desde niño, especialmente por mis padres, pero también a través de la influencia de mi Párroco, el Padre Harold Herman, de mis familiares y amigos de la comunidad parroquial.

stengelEl tener otro modelo en mi tío, el Padre Mark Stengel, me permitió pensar en el Sacerdocio y le agradezco a mis padres por haberme alentado a una vocación, aún en mi niñez. También el haber asistido a la escuela primaria de San José y a la Academia Subiaco (clase del 96’) tuvo una duradera influencia en la formación de mi fe y mi consideración a una vocación sacerdotal.

La preparatoria y los primeros años de colegio estuvieron ocupados con mis estudios, deportes y pasatiempos. Especialmente disfrutaba caminatas y acampar, lo que me llevó a graduarme con una licenciatura en Biología en la Universidad de Arkansas, también estuve en las reservas del Ejercito por ocho años, estas experiencias de  la vida me llevaron a preguntarme, que quería hacer con mi vida y lo más importante; que era lo que Dios quería que yo hiciera con mi vida.

Así que empecé a orar pidiéndole a Dios que me ayudara a seguir su voluntad. Después de todo, como dice San Agustín: Dios nos ha hecho y nos guía con su amor, estamos hechos para Él, y nos sentimos intranquilos, hasta no estar junto a Él. Durante estos últimos tres años en el Seminario, he obtenido gran entendimiento de mí mismo y lo que el llamado al Sacerdocio significa, para que con alegría y confianza pueda aceptar la Voluntad de Dios en mi vida.

Para todos aquellos que están buscando el llamado de Dios en su vida, les pido que sean persistentes en oración y le pidan a Dios que abra sus corazones a su voluntad y a su gracia. Y que todos pongamos nuestra vocación bajo la protección e intersección de María Santísima.

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“Todo lo que quiero es conocer a Cristo” (Filipenses 3, 7-11) Nací el 10 de julio de 1979 a una familia piadosa cristiana del Sr. Silas M. Archibong y Martha S. Archibong del Estado de Akwa Ibom en Nigeria. Tuve una niñez muy bonita con mis padres, hermanos y hermanas, al igual que con todos mis vecinos.

archibongInspirado por mi hermano mayor (hoy Sacerdote), entre al Seminario Rey de los Apóstoles en Afaha Obong, Abak, Nigeria, a la edad de 12 años para perseguir mi sueño de ser Sacerdote.

Fue una experiencia enriquecedora a pesar de que también fue difícil para mí separarme de mi familia a esa edad. En poco tiempo, me empecé a familiarizar con el Seminario y a sentirme como en casa. Tuve excelentes resultados y tuve varios puestos de responsabilidad.

Al terminar mi educación en el Seminario Menor en 1997, entre a una congregación indígena: La Congregación de Cristo el Emmanuel y en octubre de 1998, inicie mis estudios filosóficos en el Seminario de la Sabiduría en Owerri, Nigeria y me gradué 4 años después en junio de 2002.

En octubre de 2003, inicie mis estudios de teología en el Seminario de San José en Ikot Ekepene en Nigeria y en el 2004 fui transferido de Nigeria a la Universidad Apostólica Regina en Roma, Italia, donde me gradué en el año 2006. En octubre de 2006 me transferí a la Universidad Lateran en Roma para especializarme en doctrina social de la Iglesia.

Siguiendo un periodo de oración y discernimiento, finalmente decidí en junio de 2007 hacer un cambio de la Vida Religiosa al Sacerdocio Diocesano y por medio de mis contactos con el Director de Vocaciones de la Diócesis Católica de Little Rock, Mons. Scott Friend, entendí completamente el llamado y la misión de Dios para mi y fui aceptado como seminarista de la diócesis y así fui transferido de Roma a la Escuela de Teología de San Meinrad, Indiana para continuar con mis estudios y formación.

Todos estos años y en este camino marcado por encuentros y partidas, he tenido la experiencia del amor y misericordia de Dios y la bondad y afecto de los hombres.

A pesar de ciertos momentos difíciles, el éxito ha sido hasta hoy por medio de la gracia y la misericordia de Dios y creo firmemente en el Poder de Dios,  quien me ha llamado y rezo que me guiará y llevará hasta el final. Yo no tengo otro deseo más que servir a Dios como Sacerdote, haciendo Su voluntad con todo mi corazón, teniendo como meta superar el valor de conocer a Cristo Jesús Nuestro Señor.

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2011 — Programa de Inglés como Segundo Idioma

Ruben Quinteros, Iglesia de San Eduardo, Little Rock

Nací en Catamarca, Argentina. Yo estoy muy agradecido con mis padres que me dieron la oportunidad de vivir y responder al llamado que Jesús me hizo. Estoy seguro de que cada acontecimiento de mi vida ha sido colmado por la gracia de Dios.

quinterosMi historia vocacional es una historia de amor como la de todos. Pero en el fondo de mi corazón siento que Dios tiene un amor exclusivo hacia mí y no disminuye este amor. Impulsado por ese amor respondí que SI, y sostenido por ese mismo amor continúo mi formación para servir al Pueblo de Dios en la Diócesis de Little Rock.

Ahora, estoy estudiando inglés en el Seminario de Santa María, en Houston, Texas. Esto ha sido un gran desafío para mí, pero “Dios dispone todas las cosas  para  bien de los que lo aman, a quienes Él ha llamado según su propio designio.” (Romanos 8,28)

Teniendo confianza en Dios y en su Iglesia hay un sólo lenguaje: la Caridad. Por lo tanto, pude aprender inglés y espero continuar mejorándolo. En mi vida tengo muchas fortalezas y debilidades. En mis luchas, Dios me da la gracia para enfrentarlas y vencer cada una de ellas. Por este motivo soy muy feliz, porque Dios está construyendo un corazón sacerdotal en mí.

Lo más importante en mi vida de seminarista es la vida de oración. Si yo quiero ser otro Cristo es imposible serlo si no conozco profundamente a quien quiero imitar. Sólo en una relación de amistad podré ser otro Cristo para el pueblo y para mi diócesis y ver la mano de Dios en cada acontecimiento de mi vida.

Mientras tanto, espero mi ordenación y confío en sus oraciones para responder con generosidad al llamado, el cual será un incentivo para otros jóvenes.

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2011 —Teología I

Juan Manjarrez, Iglesia de la Inmaculada Concepción, Fort Smith

manjarrezYo nací y crecí en Guanajuato, México, hasta la edad de once años, cuando mi familia decidió moverse a Arkansas. Fue aquí en los Estados Unidos que mí llamado al sacerdocio se hizo más fuerte. Fue en la preparatoria cuando empecé a pensar más seriamente sobre la posibilidad de entrar al seminario y donde finalmente tomé la decisión de entrar al seminario.

Una de las cosas que me hizo pensar más seriamente acerca del sacerdocio es que la comunidad que habla español está creciendo y el número de sacerdotes hispanos o que hablan español no crecía.

Vi la gran necesidad de sacerdotes que hablaran español y me pregunté ¿qué era lo que yo podría hacer para ayudar? Yo se que Dios me ha dado muchas cosas a mí y sólo estoy dándole un poquito de lo que ya le pertenece. Una de las cosas que he aprendido en mi travesía por el seminario es que uno no tiene que esperar a que Dios nos llame cara a cara, por que si uno lo hace tal vez ese día ya sea demasiado tarde.

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2012 — 4 ˚ año de Colegio

Alejandro Puello, Iglesia de Santa María, Paragould

Mi nombre es Alejandro Puello, y nací el 27 de febrero de 1984 en Santo Domingo, República Dominica. Después de vivir con mi mamá en Santo Domingo durante los primeros veinte años de mi vida, decidí trasladarme a la Universidad Estatal de Arkansas, para continuar mis estudios.

puelloEl Señor tenía otros planes para mí cuando vine a Arkansas. Me permitió ver cuanto lo necesitaba, y me permitió “darle una oportunidad” de cambiar mi vida y yo accedí. Cuando comencé a darle más y más espacio en mi vida, fue cuando empecé a considerar el sacerdocio, ese pensamiento venía a mí al azar durante el día, así como en mi adolescencia.

Cuando era más joven descarte ese pensamiento como producto de mi imaginación, pero ahora que soy mayor y más abierto a Dios, consulté al Padre John Marconi, quien en ese tiempo era el sacerdote de mi parroquia, a mi papá y a mí madrastra. Todos ellos me dijeron que rezara para que Dios confirmara mis pensamientos. Dios contestó mis oraciones rapidísimo, más rápido de lo que yo hubiera querido.

Cada vez que rezaba para confirmar mi vocación, Él me contestaba en unos minutos. Entonces empecé a evadir todo lo que tuviera que ver con Dios, ya que mi vocación “interfería con mis planes”. Pero el Señor continuó tocando mi puerta constantemente por semanas, y me rendí a Él. Yo no puedo luchar contra Su voluntad. Ahora trato de no cuestionar al Señor, sólo obedezco y confío que Él sabrá que hacer con mi vida, mejor que yo.

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2012 — Pre-Teología II

Andrew Hart, Iglesia de Cristo Rey, Little Rock

Soy nativo de Little Rock y toda mi vida he sido miembro de la Iglesia Cristo Rey. Me gradué de la Preparatoria Católica en el 2001. Como Seminarista frecuentemente se me pregunta que fue lo que me condujo a pensar que podría ser un Sacerdote, estoy convencido que la historia de mi vocación tiene sus raíces en la sólida educación católica que recibí de mi familia, mis escuelas y mi parroquia en esos años de formación.

ahartEl apoyo de mi familia y mis amigos de mantenerme abierto a la idea de ser sacerdote fue una poderosa influencia y un signo de amor y respeto que mis seres amados tienen por el Sacerdocio.

Después de graduarme de la Universidad de San Luís en el 2005, trabaje para la Diócesis de Little Rock, esto también fue una gran influencia en mi vocación ya que pude ver directamente como los Sacerdotes de nuestra diócesis mostraban a Cristo a través de sus vidas y servicio.

Decidí que necesitaba explorar la vida sacerdotal más de cerca, así que entre al Seminario en el otoño de 2006. Con humildad veo hacia atrás y veo mi vida de ahora y puedo ver la mano del Señor guiándome, moldeándome y eventualmente llevándome al estudio de Su Santo Sacerdocio.

Para aquellos que están considerando su vocación, les animo a que consideren la idea del Sacerdocio o de una Vida Religiosa. Es una vocación bella, una vida basada en el significado y propósito de responder al llamado de Nuestro Señor para servir su Iglesia. Oren para que Dios les revele a ustedes su propósito en la vida y tengan la seguridad y certeza de que Dios lo hará.

Por favor manténgame en sus oraciones mientras continúo con mi discernimiento y tengan la seguridad de mis oraciones para ustedes también.

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Mauricio Carrasco, Iglesia de San Rafael, Springdale

Crecí en Chihuahua, México en una familia de siete. Estoy muy agradecido con mis padres por haberme educado en una familia sólida en la fe. Su fe en Jesucristo es el regalo más grande que he recibido de ellos, cuando tenía 11 años de edad toda mi familia emigro a Springdale, Arkansas y ese fue mi hogar por 10 años antes de entrar al Seminario.

carrascoEntré al Seminario el año pasado (2006) después de graduarme de la Universidad de Arkansas. Acabo de terminar mi primer año en la Escuela de Teología de San Meinrad en Indiana. Pienso en la comunidad Benedictina, el personal y los estudiantes de ahí como mi familia extendida, ellos son  buenas personas y me han hecho sentir en casa. Aprendí mucho el año pasado y me siento verdaderamente bendecido de ser un seminarista en San Meinrad, la formación ahí es “sólida”, y como he dicho, los monjes ahí hacen un gran trabajo en la formación de sacerdotes. Dios ha sido muy bueno conmigo.

Les pido que me mantengan en sus oraciones para que pueda hacer la voluntad de Dios y rezo para que todos los hombres que son llamados a ser sacerdotes estén atentos al llamado de Dios y sean suficientemente valientes para dar al seminario una oportunidad.

Aunque aún estoy discerniendo la voluntad de Dios en mí, entrar al seminario me ha enseñado mucho acerca de la vida y mi persona. Las verdades simples que he aprendido ahí han cambiado mi vida, y además me han proporcionado con una verdadera educación.

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2013 — Pre-Teología I

Thaihoa Tran, Iglesia de Cristo Rey, Fort Smith

Me preguntó un buen amigo hace un par semanas: ¿Estás completamente seguro de que serás un Sacerdote? Tan sólo la idea me pone nervioso porque es una vida  de la cual se tan poco y es tan alejada de la gente laica como yo. ¿No piensas que es un poco extremosa?

tranMe sorprendí un poco por las preguntas y no porque no haya tenido una respuesta pero porque me hicieron darme cuenta que tan inescrutable puede ser para unas personas, inclusive para buenos amigos, como una abogada de Manhattan que recientemente se casó con el hombre de sus sueños.

¿Porqué alguien quisiera renunciar a tener su propia familia para seguir una vida lejana al instinto y a la cultura? Definitivamente no fue una decisión fácil, y no porque sea complicado, sino porque requiere que dejes demasiado, lo chistoso es que me di cuenta que mientras más de yo mismo daba, más recibía a cambio. Es como si el Señor me dijera: “Vacía tus manos para que yo te pueda dar más.”

Bendiciones tras bendiciones me han caído a mí a donde Él me ha llevado, si era a ver a los enfermos con el Padre Le de la Iglesia de Cristo Rey en Fort Smith, o visitando a los niños de la escuela con el Padre West en la Iglesia de Inmaculada Concepción en North Little Rock.

Si, el Sacerdocio es extremoso en darse uno por completo, pero también lo es el matrimonio y ninguno es para los débiles.  No puedo garantizar que en seis años más pueda estar oliendo el piso de la Catedral, pero la meta la veo claramente al continuar y no porque tenga una mejor idea sobre esto, sino porque puedo ver más claramente.

Estoy agradecido con Dios, mi familia, mis amigos y ustedes, que han hecho posible esta aventura de crecimiento y discernimiento.  Por favor continúen orando por mí y por mis hermanos seminaristas durante el próximo año.

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Enrique Castro, Iglesia de San Eduardo, Little Rock

“Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré y te destiné a ser profeta de las naciones.” (Jeremías 1, 5)

castroNací en Aguascalientes, México, el 14 de febrero de 1981. Mi interés por el sacerdocio ha estado en mi corazón desde niño; de hecho, entré al seminario en México  a los 15 años. Sin embargo, después de tres años decidí dejarlo porque había descubierto “que esa no era mi vocación.” A los 19 años vine a Little Rock, estudié inglés y obtuve una beca para estudiar Música (Guitarra Clásica y Conducción) en la Universidad de Arkansas de Little Rock.

Por aproximadamente 5 años, tuve a lo que yo llamé, “una vida normal”: diversión, un buen trabajo, novia, una carrera fructuosa (componiendo y adaptando música, formando parte de orquestas y ensambles y como guitarrista solista) y tan pronto como me graduara, estaba planeando ir a Indiana a obtener una maestría en Conductor de Música.

¡Sorpresa! Ese no era el plan de Dios. Un año antes de graduarme, comencé a sentir esa espinita en mi corazón una vez más, luche contra ella pero Dios fue muy insistente. No fue nada fácil, pero en oración le pedí a Dios que me dejara saber donde estaba mi felicidad, donde sería más útil y cual era su voluntad para conmigo.

Tuve que ir al fondo de mi corazón y orar mucho para comenzar a descubrir la respuesta de Dios. Ahora, mi corazón ha encontrado paz y Dios se está haciendo cargo de todas mis dudas y preocupaciones.

Dios llama, toca y nos enamora, pero decir “Sí,” y tomar la decisión de seguirlo sin ver hacia atrás es muy difícil de hacer. No me siento digno de aspirar a tan especial llamado del sacerdocio de Jesús, pero sé que con su gracia y amor, llegaré a ser un buen servidor de Él, de su gente y reino aquí en la tierra.

Dios escoge a quien Él quiere y cuando Él quiere. Sé que todo lo que me ha permitido aprender y vivir a través de mis experiencias está en sus planes y será necesario para lo que tiene preparado para mí.

Por lo tanto, confío en Él y espero conocerlo mejor y enamorarme de Él cada día, más y más. Él toca la puerta de nuestros corazones, pero nosotros decidimos abrirle o no.

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Recientemente me gradué de la Universidad de Arkansas y recibí mi licenciatura en Relaciones Internacionales y Alemán. Me gradué con honores de la escuela preparatoria de Springdale en el año 2003. Al entrar al colegio me involucré profundamente en los ministerios de la Parroquia de Santo Tomás de Aquino.

ketcherServir a Cristo y a su Iglesia como uno de sus Sacerdotes siempre ha estado en mi mente, aunque no puedo decir que siempre me gustó la idea. Al entrar al colegio, decidí que si al finalizar mis cuatro años de estudio en Fayetteville ya no tenía pensamientos de ser Sacerdote seguiría con lo que la vida me ofreciera.

Y la vida me ofreció varias cosas. Tuve mucho éxito en la Universidad, hice grandes amigos, viaje a Europa y obtuve una puntuación muy alta en mi examen LSAT para la escuela de leyes. A pesar de todo esto, desde mi primer año me fui envolviendo más y más en los ministerios de mi parroquia. Con el estímulo de Vera Zawislak, encargada del Ministerio Universitario, empecé siendo acomodador y poco después Ministro de la Eucaristía. Empecé desde cocinando almuerzos hasta formar parte de los Caballeros de Colón, donde serví como Asistente del Gran Caballero y después como Gran Caballero. Participe en una misión  al sur de Louisiana tras la desgracia del Huracán Katrina, y empecé a servir también como sacristán en las Misas de verano.

Finalmente pensé que sí estaba pasando tanto tiempo en Santo Tomás debería mejor dormir ahí, así que eso fue lo que hice; me convertí en uno de los pocos ministros residentes. Descubrí que estaba disfrutando este ministerio (el cual implicaba pintar, raspar, regar, básicamente ocuparme de las necesidades físicas de la parroquia), me di cuenta que no quería hacer otra cosa más, todo lo demás parecía basura en comparación al trabajo que estaba haciendo. Y la idea llegó ... ¿Por qué no ser un Sacerdote? En vez de alejarse, el llamado había crecido enormemente durante el colegio. “Si creció durante la vida de colegio” pensé, entonces tengo que discernir este llamado antes de continuar con mi vida.

Así que aplique y gracias a Dios fui aceptado para ser Seminarista de la Diócesis de Little Rock, y empecé mi primer año de pre-teología en el Seminario de San Meinrad en Indiana.

Les pido y agradezco sus oraciones, al empezar este misterioso y maravilloso recorrido que se extiende delante de mí.

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2014 — 2˚ año de Colegio

Payden Blevins, Iglesia de Santa María, Paragould

Frecuentemente me han pedido que cuente la historia de mi vocación, y en este momento, debería de ya ser fácil para mí, sin embargo, no se me hace fácil. No recibí mí llamado en un momento específico de mi vida.

blevinsAlgunos de mis primeros recuerdos son de asistir a Misa y pensar en servir en el altar, ese pensamiento nunca se ha alejado, aunque algunas veces traté de quitarlo de mi mente. La mejor manera de describir mi vocación en estos momentos sería decir que Dios ha sido más o menos insistente para que considere el sacerdocio más devotamente.

No puedo decir que el entrar el seminario ha hecho mi vida más fácil, pero el camino fácil no siempre es el que vale la pena tomar.

Durante mi tiempo en el Seminario, he llegado a un profundo entendimiento de lo que realmente significa entrar al Sacerdocio. Es una forma de servir a Dios a través de servir a su gente. En el seminario he aprendido que la formación no es algo a lo cual el seminarista entra por si solo, él tiene su parroquia, la diócesis, la hermandad de los sacerdotes y compañeros seminaristas, y lo más importante, la ayuda de Dios.

La cosa más importante que se debe de tomar en cuenta cuando se considere el seminario, es que la función principal del seminario es poner en silencio tu mente y escuchar lo que Dios te está llamando hacer.

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Robert Cigainero, Iglesia de San Eduardo, Texarkana

La primera vez que sentí el llamado hacia el Sacerdocio fue en el tercer grado. Había sido un año después de mi Primera Comunión, me quede dormido y tuve un sueño en el cual yo había crecido y era un sacerdote, estaba usando una alba blanca, y tenía a un bebé en mis manos con sus ropas bautismales y atrás de mi estaba Jesús; Él también usaba una alba blanca y su luz divina que brillaba en Él y lo hacia resplandecer, Él caminó hacia mi y colocó su mano izquierda sobre mi hombro derecho y me observó bautizar a ese niño.

cigaineroAhora bien, nunca le comenté a nadie este sueño sino hasta que estaba en el octavo grado, mis amigos y yo estábamos en una discusión religiosa en la escuela y yo estaba un poco remiso a contarles sobre el sueño que había tenido, sin embargo se los dije y para mi sorpresa me apoyaron.

Ese día cuando regrese a casa de la escuela le comenté a mis padres sobre el sueño que había tenido, mi mamá empezó a llorar y mi papá estaba muy emocionado y me dijo: “Robert desde que nació Jamie (mi hermana mayor, yo soy el pequeño) tu madre y yo hemos pedido cada noche para que uno de nuestros hijos entre a la vida religiosa. Cuando escuche esto yo me sorprendí por muchas razones, pero sobre todo, porque todos mis hermanos estaban casados y con niños.

Rezaba una hora y media y a veces hasta dos cada noche pidiéndole a Dios que me diera una señal más para que me mostrara que era lo que Él quería de mí. Al terminar mi primer año de colegio decidí tomarme un año fuera del colegio, porque según yo Dios aún no me había contestado mis oraciones.

Durante mi año fuera del colegio trabajé en una gasolinera, la cual los papás de un amigo mió eran dueños. El Miércoles de Ceniza del 2006 cuando hablaba con uno de mis amigos le comenté: que tenía miedo y que no sabía que hacer con mi vida y él me dijo que Dios me iba hablar muy pronto y  me iba ha dejar saber.

Ahora ya tengo un año en el seminario y la alegria que siento en mi corazón es inexplicable, nunca he estado más feliz en mi vida. He aprendido que Cristo quiere que todos nosotros tomemos nuestras cruces y lo sigamos y nunca veamos hacia atrás. Va a ser difícil algunas veces, pero no obstante va ha valer la pena. A cualquiera que este pensando en el seminario no tengas miedo de decir Si al llamado de Dios.

Finalmente por favor continúen orando por mí y todos los sacerdotes y seminaristas, y también recen por el incremento de vocaciones en la vida religiosa. Que Dios los Bendiga.

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Juan Guido, Iglesia de San Eduardo, Little Rock

Yo soy de México. Mi parroquia es San Eduardo en Little Rock. Yo vine a los Estados Unidos en el año 2001. Mi llamado para ser sacerdote empezó cuando tenía siete años. Cada vez que iba a Misa, sentía que algo me llamaba. Era una voz dentro de mí que me decía: ¿Quieres Seguirme?

guidoMi llamado fue más fuerte cuando tenía trece años. Le ayude al párroco de mi iglesia por más de tres años, ahí aprendí acerca de las necesidades de la Iglesia y la necesidad de la gente. El fue un gran ejemplo y me ayudó a tomar el camino del sacerdocio.

Hablé con mi párroco en México acerca de entrar al Seminario en México, pero Dios tenía otros planes para mí. Mi papá decidió que nos viniéramos a los Estados Unidos, fue muy difícil para mí dejar mi país y sobre todo mi parroquia en México. El Señor trabaja en una forma que se nos hace difícil entender Su amor por nosotros.

Cuando llegué a los Estados Unidos, decidí olvidarme de mi vocación, pero Dios aún me seguía llamando. Dios me ayudó en mis problemas para continuar con mi llamado. Con la ayuda y el apoyo del Padre Juan Antonio y de mi familia, mi vocación siguió creciendo y entré al seminario en el año 2005. Con eso dije “Si” a Dios y muchas cosas maravillosas pasaron en mi vida personal, en mi familia y amigos. El Señor me ha bendecido con nuevos amigos y me demuestra cada día Su amor.

Mi vocación es un regalo de Dios. Yo sé que Dios da este regalo para servirlo a Él y servir a su pueblo aquí en la tierra con toda humildad y servicio. Dios me sigue ayudando con el discernimiento,  porque quiero ser un instrumento de Dios para llevar la Buena Nueva al pueblo de Dios. Servir con humildad a Dios y al Pueblo de Dios, es lo primordial en mi llamado y vocación. En mi camino rumbo al sacerdocio Dios nunca me ha dejado solo, siempre me ha dado amigos y de una manera especial me envió a la Santísima Virgen María y a Santa Teresita del Niño Jesús, ellas son las que me han ayudado a seguir amando a Jesús.

Dios es misericordioso y amoroso. Una forma de como pagarle todo el amor y bendiciones en mi vida es dándole mi vida a Él. Como dice Santa Teresita del Niño Jesús; “El amor solamente se paga con amor.”

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Shaun Klatt, Iglesia de San Judas Tadeo, Clinton

Soy el segundo de cinco hombres que fueron dados como bendición a Eileen y Reginald Klatt, aunque mí madre tiene la costumbre de llamar a sus “bendiciones” santos terrores.  Mí familia es originaria de Mesa, Arizona, y ha residido en Arkansas por los últimos 15 años, tiempo suficiente para que el “encanto sureño” creciera en nosotros.

klattMis padres están separados desde hace casi 15 años. Yo me gradué de la Preparatoria Pública en Leslie, y de ahí me fui a estudiar un semestre al colegio NAC en el otoño del 2005, pero no pude continuar con un segundo semestre debido a que mi madre tenía síntomas de enfisema, y tenia que  ayudar a cuidar a mi familia.

La primera vez que sentí que tenía un llamado fue cuando tenía 6 años e iba a Misa a Nuestra Señora de la Victoria en Fox, Arkansas. La Misa la celebraba Mons. Misac y cuando vi que las ofrendas estaban siendo consagradas sentí un piquete de interés y le pregunte a mis abuelos y a mi madre: ¿Qué tengo que hacer para hacer lo que los Sacerdotes hacen? Sin embargo, no tome con seriedad mí llamado sino hasta que mi madre fue diagnosticada con enfisema y fue en este tiempo cuando cuestione mi vida y hacia donde iba.

Ahora estoy en mi segundo año de Filosofía en el Seminario de la Santísima Trinidad, y clases en la Universidad de Dallas. El primer año fue difícil para mí, viniendo de una pequeña comunidad a una gran institución académica. Sin embargo después de pasar un verano en las Iglesias de San Pablo y San Juan en Pocahontas y Engelberg sentí el amor por la Eucaristía profundizarse más en mi corazón, mientras era testigo del amor de la gente de la Diócesis por sus seminaristas. Frecuentemente me han dicho que ser un seminarista así como un Sacerdote, es un ministerio de presencia. Nunca entendí el significado verdadero de esas palabras hasta que estuve en la Iglesia de San Francisco para una pequeña visita y en las Iglesias de San Pablo y San Juan.

El agradecimiento primeramente es para mi mamá y mis abuelos por su gran apoyo y ánimo en mi decisión. La Iglesia de San Judas ha sido mi segunda casa por los últimos 13 años y todos los sacerdotes que han estado allí han sido muy compasivos y de gran ayuda en mi camino. Los feligreses han sido más que una familia para mí. Le ha tocado a mi Madre amarme, pero a mí parroquia criarme, y aunque recientemente conocí a los feligreses de San Francisco de Asís me sentí bienvenido y tuve la experiencia de la alegría que comparten al tener la oportunidad de pasar un tiempo con un seminarista.

Quisiera dejar este pensamiento para todos los hombres y mujeres que sienten que Dios quizás los está llamando al Sacerdocio o a la vida Religiosa: “Dios no llama a los preparados, sino que prepara a los llamados.”

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La primera vez que considere el Sacerdocio fue hace tres años atrás. En el 2004, participe en un retiro de cinco días en Santa Anna, California. Durante esos días escuche a Sacerdotes predicar, cantos de alabanzas y también historias de otra gente de como Dios había trabajado en sus vidas. También creció una relación más cercana con Dios.

buiMe convertí al catolicismo en el año 2002, pero nunca tuve una relación cercana con Dios, no leía la Biblia con frecuencia ni oraba seguido, pero después que regrese del retiro, me di cuenta de la real presencia de Dios en mi vida diaria.

No sólo sentí su presencia, sino que también me invitó a servirle. Durante ese tiempo, no puede tomar la decisión porque no estaba seguro si era la voz de Dios la que me hablaba o si solamente era yo. Me tomó cerca de un año discernir los pensamientos que tenía después de que regresé del retiro.

Cuando estaba estudiando el catecismo para ser bautizado, una de las hermanas dominicanas que me estaba enseñando me dijo que debería de tratar el sacerdocio, pero yo siempre respondía que “NO”, hasta que lo consideré por mi mismo.

Finalmente en el año 2005 fui a ver a mi Párroco, el padre Peter Le, él medio muchos consejos y me habló de la vida de un sacerdote, yo estaba interesado en todas las historias, así que él me recomendó que hablara con el Director de Vocaciones, él me presentó a Mons. Scott Friend, quien es el Director de Vocaciones en la Diócesis de Little Rock.

Tuve que pasar por muchos procesos; entrevistas con el Director de Vocaciones una vez al mes, entrevistas con un siquiatra y exámenes médicos. Tuve que ver al director de vocaciones una vez al mes por un periodo de un año, la razón por la cual él hizo esto,  es que quería estar seguro que yo podía continuar con mi llamado.

Fui aceptado por la Diócesis de Little Rock a finales del 2006 y aceptado al Seminario de San José en Mayo del 2007. Mí verano fue muy ocupado, yo tenía un negocio y tuve que transferir todo a mi mamá y tener todo en orden antes de entrar al Seminario.

Me preocupaba la vida en el Seminario, nunca fui a ningún fin de semana de “Vengan y Vean”, así que todo el conocimiento sobre el Seminario venía de otra gente o de mi imaginación. La semana más pesada fue la semana antes de entrar al Seminario, tenía que ir aquí y allá, comprar ropa conforme con la etiqueta de vestimenta del seminario. Hasta ahora me ha gustado mucho, me gusta la comunidad y el ambiente. También me repito a mi mismo que este será mi hogar por los próximos cuatro años, y tengo muchas ganas de que esto pase.

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Antes de mi reciente visión, yo siempre quise ser Sacerdote desde que era niño. Recuerdo que en mi niñez mi hermana Lauren y yo decíamos Misa para nuestros padres, ahora ese sueño tal vez se convierta en realidad.

sieboldUnos meses antes de mi graduación de la Preparatoria Católica, empecé a preocuparme con que era lo que iba hacer. Era muy activo en mi CYM, pero nunca pensé seriamente en una vocación religiosa. Nuestro grupo juvenil es muy activo y participa en muchas actividades.

Fuimos a un retiro llamado Juventud 2000 en Mountain Home, nos encantó este retiro; fue tan poderoso que me ayudó a abrir mis oídos a Dios. Acudí a las juntas vocacionales que tenían dentro de este retiro y fue ahí cuando me di cuenta; quería dedicar mi vida a Dios. No sabía como quería hacer esto y aún todavía no lo se, pero tomé el paso más importante que me ayudó a determinar lo que quería hacer y hable con un sacerdote sobre esto.

El siguiente fin de semana en Búsqueda; el cual es un retiro para el penúltimo y último grado de preparatoria, yo era uno de los líderes del equipo y pensé que necesitaba hablar con alguien de lo que estaba sintiendo, así que decidí hablar con Mons. Scott Friend, él me sugirió que contemplara el Sacerdocio Diocesano, así que fui a un retiro de “Ven y Ve” en el Seminario de San José, donde actualmente estoy estudiando.

Como ya habrá concluido, me enamoré de la escuela; tiene tantos aspectos que son may atractivos para mí. Mi mayor agradecimiento es para mis padres por haberme criado y aguantado especialmente durante los tiempos más difíciles, también  tengo que decir que mis amigos tuvieron mucho que ver en mi discernimiento.

Pero a la persona que quiero agradecer más es a la Sra. Christie Powell, mi directora juvenil,  ella fue quien me mostró una perspectiva totalmente diferente de Cristo y nunca tendré como pagarle. Por último también quiero agradecer a todos los que me han mantenido en sus oraciones.  Yo continuaré escuchando el llamado de Dios, y les pido que le recen a Dios para que me revele el plan que Él tiene para mi. Gracias.

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2015 — Pre-Filosofía

Raul Garduño, Iglesia de San Eduardo, Little Rock

El agua apaga las llamas de la hoguera; el que responde de manera generosa asegura su porvenir y encuentra apoyo cuando está apunto de caer. Jesús llama a cada uno en su momento, puede ser en la mañana, al medio día o tal vez en la tarde, a mí me llama en la tarde y respondo con todo mi amor y esperanza.

gardunoMi interés en el Seminario fue desde niño, platicaba con los seminaristas que venían de visita a la parroquia, pero también quería conocer a las muchachas, quería conocer gente, pero al mismo tiempo tenía ese deseo de seguir a Cristo y llevar Su palabra a personas que necesitaban del amor de Dios.

Todos los caminos llevan a Dios. Durante estos años en el Seminario me ha tocado vivir con jóvenes y adultos, de 15 a 35 años de edad, ha sido difícil pero me he adaptado. Dios es quien entra en la vida de uno con un mensaje que transforma, lleno de amor y que viene a reordenar las cosas de la vida. Yo tengo la confianza de que Dios me ha llamado y me ha puesto en Su camino. Seguirlo no es fácil, sobre todo cuando convives con personas que son más jóvenes que uno. Este es el amor de Cristo.

Posiblemente todos tenemos el llamado de Dios, algunos más jóvenes que otros, pero Dios nos ama a todos por igual. A Él no le importa la raza ni el color, pero todos tenemos que trabajar juntos muy duro como sacerdotes, diáconos, laicos y todas las personas que son guiadas por espíritu de Dios.

Necesitamos vida espiritual y doctrina cristiana. Somos la sal de la tierra y luz del mundo, porque somos un ejemplo de la Iglesia Santa Católica Apostólica y Romana. Jesús es nuestro ejemplo y modelo: imitémoslo sirviendo a la Santa Iglesia y a todas sus almas.

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Nací en la ciudad de San Marcos, El Salvador, tengo 28 años de edad, soy el segundo de tres hermanos y provengo de una familia muy humilde. Sin embargo siempre se nos ha inculcado valores de unidad, respeto, obediencia y sobre todo, amor a Dios.

Estoy especialmente agradecido a mi abuela Gricelda Gómez de Alegría, por su preocupación y enseñanza de seguir los caminos del Señor. Estudie profesorado en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional de El Salvador, y a la vez trabajé en la Parroquia de San Pedro Nonualco donde inicié mi vida como laico activo.

alegriaSiempre me ha gustado trabar con jóvenes y leer en las misas, como también ayudar en los diferentes ministerios donde haya necesidad. Esto no inició desde temprana edad, pero estoy muy contento que Dios me ha llamado a servir ya más maduro, y contribuir en la construcción de su Reino.

Viajé a los Estados Unidos en el año 2005, con el fin de mejorar la situación económica familiar, pero el deseo de servir a Dios estaba siempre presente en mí, aunque  admito  no quería darle mucha importancia, pero al final, el encuentro con Jesús fue más notorio.

Me involucré más en las necesidades de la Parroquia de San Rafael en Springdale, ahí  acrecenté más mi deseo de entregarme a Dios, pero no ha sido fácil. Dejarlo todo por amor a Dios es un trabajo diario que tengo que estar renovando con deseo personal y libre, por amor a Él.

Ahora me encuentro en el Seminario de Monterrey, México, y esto se lo debo a la Hermana  Gisela Rivera quien me ha  apoyado enormemente,  también al Padre Juan Antonio y Mons. Scott Friend, a quienes considero hermanos y amigos parroquiales.  Ahora me toca a mí dar mi  “Sí” al Señor, y abandonarme completamente en sus brazos, abrazando la cruz en todo momento.

Hermanos y Hermanas seguir a Cristo el Buen Pastor es la mejor decisión que uno puede tomar, y si no estas seguro, no te preocupes, es un riesgo en las manos de Dios, recuerda la Vocación Sacerdotal es la esperanza de que la tierra haga germinar auténticos Sacerdotes dispuestos a dar la vida por los demás en nombre de Jesucristo, porque seguir a Cristo no es sólo para los que se han entregado de manera especial a Dios, por medio de la Vida Consagrada o por el Sacramento Sacerdotal, seguir a Jesús es para mí, para ti y para todos.

Pidamos a la Virgen Santísima, modelo de toda vocación que nos ayude a encontrar nuestra verdadera vocación. “Señor danos Sacerdotes, Señor danos muchos Sacerdotes, Señor danos muchos y muy Santos Sacerdotes”.

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